¿Y ahora qué?
Me acabé de cepillar los dientes, hice mi rutina de skincare, me puse protector solar en la cara y estaba a punto de salir a tender la ropa para que se seque cuando algo hizo clic en mi cabeza. Creo que ya sé cómo empezar mi siguiente post, pensé. Así que, aquí vamos:
Esta semana he estado pensando muchísimo sobre qué escribir a continuación en este espacio. Me he estado poniendo presión a pesar de haberme comprometido a no hacerlo. Siento que tengo que escribir cosas maravillosas y fascinantes. Siento que debo escribir en orden la historia de cómo decidí escribir mi primer libro, cómo elegí sobre qué sería y por qué. Sin embargo, no tengo ganas de ir por ahí, no se siente natural. Mis pensamientos no suelen ser así de ordenados, ni mi vida. No que sea caótica, tampoco. Tengo mi rutina diaria que me mantiene cuerda con cambios inesperados que me mantienen viva. Pero siempre he sentido que mi mente va mucho más rápido que mi cuerpo, que mis manos al escribir.
Para tratar de darle estructura, a lo que de otra forma se convertiría en un pasatiempo sin ton ni son, me he propuesto escribir dos entradas semanales en este blog. Es un compromiso que sé que puedo cumplir. Pero en esta, tan sólo la segunda semana de existencia de este espacio, ya me sentía abrumada por los "deberías":
Deberías escribir cosas interesantes,
deberías ser organizada y meticulosa,
deberías seguir un hilo de pensamiento claro,
deberías ser más disciplinada y ponerte días fijos en la semana para publicar.
Deberías, deberías, deberías.
El asunto es, ¿por qué debería? ¿Porque estaba acostumbrada a hacer lo que creo que los demás esperan de mí y no lo que yo en realidad deseo hacer? Probablemente. Así que, aquí estoy con el corazón en una mano y la verdad, MI verdad, en la otra. Siempre he sentido que soy una persona directa, honesta. Antes me avergonzaba de ello, sentía que tenía que modificar y maquillar mis palabras para no herir los sentimientos de los demás. Sentía que era una debilidad el querer, siempre que pueda y por las razones correctas, decir la verdad. Sin llegar a ser cruel, por supuesto. Siendo empática y sincera a la vez. Últimamente, gracias al cielo, estoy empezando a verlo como mi superpoder, mi as bajo la manga.
De lo que en realidad quiero hablar en este tercer post es de lo difícil que ha sido esta semana para mí. Validar mi sentir, mi lucha interior, mis inseguridades. Esta semana he sentido que la ansiedad me come viva. Llevaba sin dormir bien varios días, me sentía extraviada y pequeñita. Insignificante. Caí en una espiral de comportamientos obsesivos y de ciertos hábitos dañinos que estoy intentando dejar atrás. Aún le estoy dando forma a lo que he estado sintiendo. Pero, sobre todo, en el fondo de mi ser me sentía inadecuada, insuficiente, perdida. Inadecuada por ser quien soy y desear lo que deseo: ser una autora exitosa que viaja por el mundo y vive de su escritura. Insuficiente en mis habilidades para lograrlo. Perdida en mi camino, confundida de si es la elección "correcta".
Para mí es curioso que, a pesar de todo eso, siguiera avanzando en mi proceso. Seguí viendo las clases del programa "Autor de éxito" en el que estoy inscrita, continué haciendo los ejercicios del programa, hice ejercicio, comí alimentos nutritivos y cosas que me dieron satisfacción y placer, leí el libro que me propuse terminar este mes, medité un poquito, escuché música y canté al son de mis canciones favoritas, seguí con mi rutina diaria de skincare, pasé tiempo con mi familia, le hice un test de personalidad a mi hermano, jugué con mi sobrina de dos años, entre muchas otras cosas que me generaron dicha. Lo que no estaba haciendo hasta anoche era dormir bien. Con todo, quiero darme gracia y compasión, quiero agradecerme por mi esfuerzo y por no dejarme desfallecer ni caer en un hueco de desesperación más profundo del que me encontraba. Y quiero reconocerme mi progreso también. Quiero declarar el éxito que ha sido y sigue siendo mi proceso terapéutico porque puedo ver todas las herramientas emocionales y de autocuidado que tengo ahora y que antes parecían un logro lejano.
Hoy, escribo de lo bueno, lo malo, lo bonito y lo feo.
Hoy, me agradezco por lo que pude hacer por mí esta semana y me perdono también por lo que no logré hacer.
Hoy, me abrazo muy fuerte y me sostengo.
Sé que soy la adulta que la niña que fui hubiera querido tener en su vida.
Sé que seguiré creciendo y cambiando.
Sé que habrá días, o incluso semanas como esta, oscuras y que parecen interminables.
Sé que encontraré la luz en los pequeños placeres de la vida, en mis rutinas y en mis seres queridos.
Hoy también quiero abrazarte a ti, que estás leyendo esto y has llegado hasta aquí. Te abrazo muy fuerte y te recuerdo que está bien no estar bien, que no desesperes si sientes que estás en un abismo de sufrimiento porque no es eterno. Te abrazo y te recuerdo que no estás solo en tu desesperación. Espero de corazón que puedas pedir ayuda si lo necesitas y que encuentres una manera de sublimar ese dolor: escribiendo, cantando, cocinando o pintando, bailando, corriendo o entrenando. Y, finalmente, espero de corazón que sientas el calor de mi abrazo donde quiera que estés.
Con inmenso cariño,
Sofi.
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